Meryl Streep en la Ceremonia de Apertura del Festival Internacional de Cine de Tokio 2016. Autor Dick Thomas Johnson de Tokio, Japón

A primera vista, nada diferencia a la joven rubia de pómulos perfectos que en 1975 se gradúa en la escuela de arte dramático de Yale del resto de las aspirantes a actriz de su generación: es guapa de un modo no convencional, va en bicicleta a todas partes, escribe un diario, dormita antes de actuar y sale hasta las tantas. Y, sin embargo, Meryl es distinta y pronto resulta evidente para todos.

Ya en su primera temporada en Nueva York consigue actuar en Broadway, ser nominada a los Tony y aparecer en las veraniegas representaciones de Shakespeare en Central Park. Antes de cumplir los treinta, actúa en películas míticas como El cazador, Manhattan y Kramer contra Kramer, por la que gana su primer óscar. Su vida privada, entretanto, sufre un vuelco: cuando está viviendo un gran romance con el también actor John Cazale, a este le diagnostican un cáncer y muere. En pleno duelo, conoce al escultor Don Gummer, con el que se casa seis meses más tarde.

Meryl Streep Siempre Ella Michael Schulman

Este es un retrato íntimo de los años que forjaron la carrera de la mejor actriz viva de Hollywood, la historia de cómo se gestó y llegó a su plenitud una de las trayectorias artísticas más reverenciadas de nuestro tiempo y una mirada única a la vida de una mujer en el momento en el que estaba a punto de convertirse en lo que es hoy: un icono.

El autor

Michael Schulman es colaborador y editor de la sección de arte y espectáculos de The New Yorker. Sus artículos han aparecido en The New York Times, Vanity Fair y otras publicaciones. Vive en Nueva York.

Extracto de la obra

«Meryl Streep no era guapa. Era algo más, algo más interesante o, cuando menos, más difícil de clasificar. Cuando arqueaba una ceja o torcía los labios, podía ser cualquiera: una aristócrata, una mendiga, una amante, un payaso. Podía ser nórdica, inglesa o eslava. Pero, en aquel momento, lo que ella quería ser era una estadounidense típica.»

«Alcanzó la mayoría de edad durante el ascenso de la segunda ola del feminismo, y su descubrimiento de la actuación estuvo inextricablemente unido a la cuestión de convertirse en mujer. Durante su época de animadora en la Bernards High School, se inspiró en las chicas que veía en las revistas femeninas. Su mundo se amplió en 1967, en el Vassar College, que por entonces era exclusivamente femenino. En el momento de su graduación, ya se permitía el acceso de los hombres a las residencias y ella había interpretado su primer gran papel en

La señorita Julia de August Strindberg. Una década más tarde, en Kramer contra Kramer, encarnó a una joven madre que tiene la osadía de abandonar a su marido y a su hijo, y que más tarde reaparece y solicita la custodia. La película era, en cierto sentido, una proclama reaccionaria contra la liberación de la mujer. Sin embargo, Streep insistió en convertir a Joanna Kramer no en una arpía, sino en una mujer compleja con aspiraciones y dudas legítimas, y casi se apropia de la película en el proceso.

“Las mujeres actuamos mejor que los hombres. ¿Por qué? Porque tenemos que hacerlo. Convencer a alguien más poderoso de algo que no quiere saber es una técnica de supervivencia, y es así como han sobrevivido las mujeres durante milenios. Fingir no es solo actuar. Fingir es imaginar posibilidades. Fingir o actuar es una habilidad vital muy valiosa, y todos lo hacemos todo el tiempo. No queremos que nos pillen haciéndolo, pero forma parte de la adaptación de nuestra especie. Cambiamos lo que somos para adaptarnos a las exigencias de nuestra época”, afirmó.»

«La empatía es la clave del arte del actor. Y en el instituto adopté otra forma de actuar. Quería aprender a ser atractiva, así que me estudié el personaje que imaginaba que quería ser, el de la chica de instituto bonita», afirmaría Meryl. […]

Descubrió que podía imitar el comportamiento de otras personas con una precisión impecable, como si un marciano se hiciera pasar por terrícola. “La verdad es que creo que trabajé con más ahínco en esta caracterización que en ninguna otra que haya hecho desde entonces”, recordaba. El patito feo y la pequeña abusona descarada de Old Fort Road se desvanecieron. A los quince años, aquella Meryl había desaparecido y su lugar lo ocupaba “el perfecto bombón de la revista Seventeen”.»

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