Agustin Fernandez Mallo
Foto Emilio Morales

Trilogía de la guerra de Agustín Fernández Mallo es una novela ambiciosa y liviana a la vez, atravesada por una sutil intensidad poética, un estilo que nunca se resiente y que fluye con gran naturalidad. En sus páginas se narran tres historias surcadas por distintas guerras, unidas por un entramado de elementos que van trazando sorprendentes puntos de conexión entre ellas.

La novela

En el Libro Primero, llamado La isla de San Simón (Combustibles fósiles), un escritor viaja clandestinamente a la pequeña y deshabitada isla de San Simón, en Galicia, y allí, en completa soledad e instalado en los edificios que en la guerra civil fueron utilizados como campo de concentración – y antes como leprosería y aún mucho antes como refugio de piratas-, es testigo de sucesos que lo llevan a un viaje por varios continentes persiguiendo espectros de gente anónima y devastada por las armas como de los ilustres Dalí y Lorca, quienes todavía algunas noches conversan en una verja de Central Park acerca de poemas no terminados y manuscritos perdidos.

El Libro Segundo, Estados Unidos de América (Mickey Mouse ha crecido y ahora es una vaca), está narrado en primera persona por Kurt, un cuarto astronauta que secretamente habría acompañado a Armstrong, Aldrin y Collins en el mítico primer viaje a la Luna.

Desde su actual retiro en Miami desgrana su peripecia vital: la guerra de Vietnam, en la que fue piloto de caza, el pequeño suvenir de playa que es la Tierra vista desde la Luna, su reciente viaje a Brooklyn, en el que observa la impostura de la cultura hípster, o su sueño más real, aquel en el que predice una península Ibérica enteramente desierta y atravesada por una pista de aterrizaje. En su relato nos asegura que todos tenemos un doble que al nacer quedó desactivado, y que en cualquier momento puede aparecer sin otro propósito que recordarnos lo frágiles que somos.

Finalmente, en el Libro Tercero, Normandía (Los amos de la noche), una mujer se propone un viaje a pie por la costa de Normandía con el objetivo de rehacer exactamente el recuerdo de otro viaje realizado años atrás, ver qué se siente al pisar unas playas cuya arena aún hoy se confunde con el polvo de huesos de los miles de hombres que murieron en el desembarco. En su trayecto por la accidentada y fractal costa normanda le salen al encuentro multitud de personajes locales, pero también miles de refugiados que llegan a las costas de Europa, cuyas noticias ella sigue intermitentemente en las televisiones de los lugares donde se hospeda, para darse cuenta de que el fin de la Europa tal y como la hemos conocido se halla en la playa en llamas que es también su propio destino.

 

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