En Las rutas del silencio, Helena Resano construye una historia familiar atravesada por la pérdida, la memoria y todo lo que una hija descubre demasiado tarde sobre la vida de su madre. La novela enlaza dos tiempos: el París de 1993, donde Esther intenta sostener la empresa de transportes que heredó de Amalia, y la Navarra de 1948, donde esa misma Amalia todavía es una joven que mira el mundo desde la escasez, pero también desde una intuición poco común en su tiempo: la de que su vida podía ser otra.
En Atrapalibros hablamos con Helena Resano sobre esa doble mirada que sostiene la novela. Sobre Esther, que recibe una herencia que no es solo material. Y sobre Amalia, que empieza llevando cosas de un sitio a otro y acaba convirtiendo ese gesto en una forma de abrirse camino. Entre ambas se despliega una historia de trabajo, duelo, ambición, miedo, silencios familiares y deseo de salir adelante.
La novela también se detiene en algo que sigue resonando hoy: cuánto pesa lo que una familia no cuenta, cuánto de nuestra vida se levanta sobre decisiones ajenas y cuánto conocemos realmente de quienes nos precedieron.











