Santiago Díaz regresa a Atrapalibros con El amo, la segunda entrega de la serie protagonizada por Jotadé, uno de esos personajes que llegan como secundarios y terminan reclamando su propio territorio.
Jotadé no aparece aquí de la nada. Viene del universo de Indira Ramos, de una saga que dejó heridas abiertas, vínculos familiares, ausencias y una forma muy reconocible de entender la novela negra: ritmo, tensión, humor, personajes al límite y dilemas morales que no se resuelven con una frase fácil.
En El amo, Santiago Díaz lleva a Jotadé un paso más allá. Ya conocemos su manera de moverse: policía gitano, intuitivo, deslenguado, leal hasta el extremo, capaz de saltarse las normas cuando cree que la justicia se queda corta. Pero esta vez la novela le pide algo casi antinatural: contenerse, seguir reglas, preparar unas oposiciones para ascender a inspector y no dejarse arrastrar por sus impulsos.
La historia arranca con una imagen durísima: Carla Lombardo, una adolescente desaparecida años atrás, aparece muerta en una parada de autobús del extrarradio madrileño. Pronto se descubre que había dado a luz poco antes de ser asesinada. A partir de ahí, el caso abre una puerta mucho más inquietante: otras chicas secuestradas, maternidades forzadas, vidas borradas y una amenaza que parece llevar demasiado tiempo escondida.
Pero El amo no funciona solo como una novela de «quién lo hizo». Santiago Díaz juega con otra tensión: el lector conoce muy pronto la sombra que se mueve detrás del horror. El suspense está en ver cómo se llega hasta él, cuánto daño puede hacer todavía y qué máscaras ha utilizado para pasar inadvertido.
La novela también mira hacia dentro. Lola y Joel obligan a Jotadé a enfrentarse a su vida íntima, a la paternidad, a la pareja, al deseo de tener otro hijo y a una vulnerabilidad que no puede resolver ni con intuición ni con golpes. Lucía Navarro, ahora en un centro de menores, intenta reconstruirse lejos de la policía, pero su instinto vuelve a despertarse ante Alejandro Nuero, un joven que parece esconder algo demasiado oscuro. Iván Moreno sigue cargando con la ausencia de Indira, Carmen mantiene vivo el hogar y Melero se mete, casi sin darse cuenta, en una historia de amor atravesada por prejuicios, miedo y violencia familiar.












