Cinco años pueden ser mucho tiempo para casi todo, menos para una desaparición sin resolver. Margot Sanz Peters lo sabe bien. La periodista que conocimos en Luna roja vuelve en La prometida porque hay un nombre que no se le ha borrado: Almudena Pimentel.
Almudena era una joven de la alta sociedad que se fugó con su profesor de pintura y desapareció sin dejar una respuesta clara. Para muchos, el tiempo habría bastado para cerrar el caso. Para Margot, no. Hay historias que no se archivan porque siguen haciendo ruido por dentro.
A esa investigación se suma otro camino muy distinto: el de Fabiola de Mora y Aragón, cuando desde el entorno de la Iglesia se busca esposa para Balduino de Bélgica. Una desaparición que nadie ha resuelto y una boda cuyo final conocemos todos avanzan en paralelo hasta tocarse. Ahí está buena parte del interés de la novela: en cómo Nieves Herrero cruza la intriga, la historia y la vida íntima de unas mujeres que intentan decidir sobre su propio destino.
En La prometida, Fabiola no aparece solo como la futura reina seria, religiosa y discreta que ha quedado en la memoria colectiva. Antes de la corona hay una mujer formada como enfermera, dedicada a los demás, que escribía cuentos y que no quiere casarse con una institución, sino saber quién es el hombre que tiene delante. Frente a ella, Almudena representa otra forma de mirar el amor: cree escapar hacia la libertad y acaba atrapada en una historia que nadie termina de entender.
Y entre ambas está Margot, periodista, incómoda, intuitiva, empeñada en preguntar cuando otros prefieren dejar las cosas quietas. Su investigación avanza en una época con pocos medios técnicos, donde el olfato, la grafología, la videncia y los primeros pasos de la lingüística forense convivían con una policía muy distinta a la actual.
Dale al play y acompáñanos en esta conversación con Nieves Herrero.










