Rodrigo Cortés define Hija del cielo como «poética, terrible, divertida, hermosa y salvaje». Y añade: «que Dios nos pille confesados». Cuando intentamos averiguar qué clase de niña ocupa el centro de la historia, tampoco ofrece una respuesta sencilla: podría estar endemoniada, ser santa, mentirosa, enferma o víctima. Probablemente, dice, sea varias de esas cosas a la vez.
Sí sabemos algo: muerde. A un cerdo porque le da la gana, a su madre, a un cura, a una niña que considera «bien mordida» y, cuando alguien le cae bien, puede limitarse a darle un pequeño bocado. Cortés construye así un personaje que unas veces parece dominar perfectamente a quienes tiene alrededor y otras ni siquiera controla lo que le sucede a ella misma.
La niña acaba en Gabaón, un lugar que es a la vez pueblo, colegio, convento, monasterio, antiguo seminario y orfanato. Allí encontramos al padre Alén, uno de los personajes más complejos de la novela; a la madre Adriana, que sostiene buena parte de la vida práctica y espiritual del lugar; y al Hombre Guapo, la voz que va ocupando cada vez más espacio dentro de la protagonista hasta que ella misma llega a decir: «Se conoce que los dos no cabemos».
En esta conversación hablamos también de las dos voces del libro: la prosa precisa y tallada del narrador frente al pensamiento tumultuoso de la niña. Cortés reconoce que escribirla inicialmente fue divertido, pero que las sucesivas revisiones se convirtieron en una pesadilla: había que ordenar el caos sin quitarle su apariencia de caos.
El mar, que la niña escucha pero no puede ver, atraviesa toda la novela. También lo hacen la religión, los ritos, las palabras repetidas, la obediencia y un catolicismo contaminado por algo más antiguo y telúrico. Y en Interlectio. El rumor verde, la mirada abandona momentáneamente a los personajes para dirigirse a las estaciones, las constelaciones y los ciclos de la naturaleza.
Al final de la conversación, Rodrigo Cortés vuelve a hablar de esa necesidad de tener siempre un objetivo. Terminada Hija del cielo, ya ha empezado a escalar la siguiente pared: esta vez, dice, tiene forma de película.










